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LA VIDA Y LA MONTAÑA GRANDES MAESTRAS

El que es amante de la naturaleza, el que a practicado, senderismo, trekking, o alta montaña, saben bien de lo que hablo, la montaña te engancha, y aunque no sepas muy bien porque, te reconecta con una parte de ti muy interna, esencial y natural, es como volver a los orígenes, y “cuanto más alto subes, más libre te sientes”.

¿Has escuchado el silencio alguna vez? ¿Has sido acariciado por el aire? ¿Has escuchado la sinfonía magistral de los pájaros silvestres? ¿Has abrazado algún árbol? ¿Has rendido pleitesía al rey sol? ¿Has sido consciente de lo diminuto e insignificante que eres en la cima de un gran montaña?

La naturaleza te muestra lo pequeño que eres, eres una gota minúscula en un gran océano, y estas totalmente expuesto a los elementos, a la vida, y en un abrir y cerrar de ojos se puede desatar la tormenta perfecta, y acabar contigo en cuestión de segundos. Esto te hace mirar la vida con otros ojos, esto te permite valorarla, y ser más agradecido, abierto y sensible, esto te permite ver la belleza, en cada árbol, planta, pájaro, mariposa, o animal que se cruza en tu camino.

Hace ya 10 años que sufrí una gran crisis personal, una tormenta perfecta que acabo con mis negocios, mi economía, y mi matrimonio, y en aquellos momentos mi vía de escape fue el senderismo, la montaña, la naturaleza, y ella me recibió con los brazos abiertos, ella me ayudo a sanar junto con el Reiki, ella me enseño el silencio que hay más allá de mis pensamientos, ella no me pedía y exigía absolutamente nada, (eso siempre lo hacemos nosotros, somos expertos en eso) ella simplemente me permitía que fuera yo, con mí dolor, con mí angustia, con mis miedos, con mis llantos. A ella no le importaba de donde venia, ni tampoco hacia donde iba, y tampoco le importaba si iba a ser capaz de llegar a la cima, a ello no le importaba que andará 500 metros, 1 km, 5, 10, 50 o 100, ella siempre respetará tu ritmo, y te permitirá parar, descansar, contemplar y disfrutar del paisaje, del camino, del presente, de lo único real y existente en tu vida.

Pero el ser humano parece tener una parte codiciosa, que siempre quiere más, y en la montaña pasa igual, siempre busca una ruta más larga, un pico más alto que subir, coronar y alcanzar, y por supuesto no digo que esto este mal, yo lo he hecho y lo he disfrutado mucho. Pero aquí es donde debemos estar atentos y ver la similitud entre la montaña y la vida, y como decía antes la montaña no te exige nada, “nosotros sí”, y además constantemente, por eso mucha veces nos llevamos al límite, y nos agotamos porque creemos que podemos con todo. Y  en una ruta nueva como en la vida, puedes encontrar dificultades, grandes desniveles, subidas, y bajadas, con las que no contabas, frio, agua, viento, calor, rocas, una caída, una lesión, etc. Incluso puede que ese día por diferentes circunstancias no rindas como otros días, ehhhhh “no te machaques”, no te fuerces tanto, relájate, escucha tu cuerpo, para, descansa, hidrátate, cobíjate, recupera fuerzas para continuar, o pide ayuda si lo necesitas.

Yo ayer volví a caminar por la montaña, cosa que no hacía desde hace ya más de dos años, por problemas de salud, y no pude llegar a la cima, y me di cuenta de lo mucho que he aprendido, y madurado, porque no me importo, en cuanto note algo de fatiga, “PARE” , y con una sonrisa dibujada en la boca, por poder de nuevo reencontrarme con una de mis pasiones y volver a “CAMINAR”, y disfrutar del camino, de cada paso que doy, me di la vuelta e inicié el descenso.

¡Para, escucha el silencia, no te exijas tanto, simplemente hazlo por disfrutar, no por conquistar!

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